Contexto
Al escuchar a alguien hablar, debe considerar el contexto en el que se expresa, ya que, sin tenerlo en cuenta, es posible malinterpretar por completo lo que dice.
La frase «sacado de contexto» suele referirse a la tergiversación deliberada de las palabras de alguien con el fin de empañar su reputación. Aunque carece de ética, esta técnica funciona porque, al aislar fragmentos de un discurso fuera de su contexto, el significado de lo que se dice puede alterarse por completo.
Si se cita a alguien diciendo: «No me importa romper las reglas siempre que consiga lo que quiero», fuera de contexto, se pensaría con razón que se trata de una persona ególatra, egocéntrica y egoísta. En el contexto completo de: «Al crear una obra de arte, no me importa romper las reglas siempre que consiga lo que quiero», la persona pasa a ser un artista excéntrico y apasionado por su disciplina.
En la literatura, el audio o el vídeo, el contexto suele referirse al contenido que precede y sucede a lo que se comunica. En cambio, en el entorno profesional, el contexto suele ser situacional: las personas involucradas, cuándo y dónde tiene lugar la conversación, los temas abordados y los acontecimientos previos.
Si su proyecto acaba de incumplir un plazo clave, mientras esa realidad siga reciente en la mente de todos, cada conversación al respecto compartirá dicho contexto. Cuando el equipo creía que el proyecto iba al día, si un colega se acercaba y le decía: «Avísame si puedo ayudar en algo», podía tratarse de un simple ofrecimiento informal. Sin embargo, una vez que se sabe que el proyecto está retrasado, ese colega podría temer que se incumpla la siguiente fecha límite e insinuar que usted necesita ayuda, sea consciente de ello o no.
Para añadir aún más contexto: si recientemente hubiese comentado con ese colega que se sentía abrumado, su ofrecimiento de ayuda podría ser un intento de aliviar parte de esa presión. Si además hubiese mencionado que el proyecto podría retrasarse a menos que se tomasen ciertas medidas, y estas no se ejecutaron, tal vez la propuesta de ayuda sea en realidad una invitación a colaborar para no incumplir plazos futuros.
Cuando ocurren hechos de gran impacto —como constatar la desagradable noticia de que un proyecto no cumplió su plazo—, el contexto de una conversación o debate suele ser evidente. No obstante, también existen contextos más sutiles que se solapan e interactúan entre sí. Comprender cuáles son estos diversos contextos, cómo se superponen y de qué forma interactúan es una habilidad de escucha crítica, especialmente cuando intervienen varias personas.
Las reuniones de empresa son un claro ejemplo de contextos superpuestos e interactivos, y exigen escuchar no solo lo que se dice, sino también el marco en el que se expresa. En una reunión corporativa, por lo general, cada asistente tiene un cargo, una función, un superior, un equipo y un proyecto. Aunque todos conocen estos datos, solo un oyente sumamente atento es consciente de cómo cada uno de estos atributos contextualiza cada intervención.
Por ejemplo, si un becario dice: «Este proyecto va de maravilla», el significado difiere sustancialmente de si lo afirma un directivo veterano. Las palabras son idénticas, pero la interpretación varía de forma radical según el emisor. Es probable que el becario carezca de la experiencia necesaria para evaluar el estado real del proyecto, por lo que su afirmación puede sonar ingenua, mientras que el directivo está transmitiendo su plena satisfacción, lo cual siempre resulta positivo para quienes trabajan a su cargo.
Asimismo, una reunión que reúna tanto a un becario como a un ejecutivo propicia la interacción y el solapamiento de sus contextos. Por lo general, los becarios intervienen poco en presencia de la alta dirección; por ello, si uno toma la palabra, puede ser una muestra de ambición, de entusiasmo desmedido o de que aún no domina el protocolo profesional adecuado para este tipo de reuniones.
Si el becario dice «Me gusta trabajar aquí» en una reunión con un ejecutivo, tal vez esté intentando manifestar su interés por un puesto a tiempo completo. No obstante, si el ejecutivo responde «Es bueno saberlo», el contexto de la conversación podría indicar que percibe al becario como alguien excesivamente ambicioso, presuntuoso, dogmático o incluso arrogante. Dado que es imposible determinar con exactitud las intenciones de cada uno, solo queda recurrir a las pistas contextuales que arrojen indicios sobre lo que pretenden comunicar.
En las reuniones grupales confluyen también contextos interconectados como la autoridad, la influencia, las responsabilidades, la experiencia técnica, la reputación y las afinidades personales en el trabajo. Todo ello puede condicionar la interpretación de las palabras de un interlocutor más allá de lo estrictamente dicho.
Una vez que domine el uso del contexto para interpretar a los demás, debe cuidarse de no caer en el error de ignorar el sentido literal de sus palabras. Aunque en muchas ocasiones el contexto es indispensable para comprender el mensaje a fondo, en muchas otras lo que se dice debe tomarse en sentido literal.
Si alguien pregunta: «¿A qué hora es la reunión?», y usted comienza a hilar todos los posibles contextos subyacentes e interactivos para descifrar una supuesta intención oculta, podría pasar por alto que solo desea saber la hora de inicio. A veces, las afirmaciones sencillas son solo eso, y las preguntas directas no encierran más misterio.
Aunque prestar atención al contexto es fundamental en la escucha activa, recuerde que se trata de una aproximación imprecisa y, por ende, potencialmente engañosa. Procure no asumir más de lo debido y, cuando resulte oportuno, formule preguntas aclaratorias si percibe que depende del contexto más de lo conveniente.
Con demasiada frecuencia —incluso en entornos profesionales— las personas se comunican de forma pasiva, trasladando al oyente la carga de descifrar pistas. En el plano profesional, suele ser preferible solicitar directamente una aclaración para eliminar cualquier margen de malentendido. Las pistas contextuales son útiles, pero deben reservarse para momentos en que no sea posible indagar de forma directa o cuando el interlocutor parezca incapaz de articular con claridad lo que desea expresar.
En general, la estrategia más prudente es actuar con asertividad e incentivarla en los demás al comunicarse con usted. Cuantas menos pistas contextuales deba interpretar, mayor será la precisión con la que comprenderá el mensaje y menores las probabilidades de incurrir en malentendidos.