Corrección de textos
La corrección de textos es la etapa intermedia entre la edición del borrador final y la publicación; es el momento en que identificamos y subsanamos erratas, faltas de ortografía y errores gramaticales.
Por lo general, cuando intentamos sacar adelante un proyecto, la perfección no constituye un objetivo razonable ni práctico. Sin embargo, en la corrección de textos, la perfección es, categóricamente, la meta.
Es fácil asumir que una sola errata, una falta ortográfica menor o un error gramatical común carecen de importancia, bajo la premisa de que todos cometemos fallos y las personas razonables saben disculparlos. En términos generales, esto sería cierto; no obstante, en el ámbito empresarial, las personas suelen ser absolutamente inflexibles frente a erratas, faltas de ortografía y errores gramaticales en documentos profesionales.
Por ejemplo, consideremos una situación en la que usted evalúa los currículums de dos candidatos para un mismo puesto. Ambos presentan perfiles de competencias, trayectoria y formación prácticamente idénticos, lo que los sitúa en igualdad de condiciones. De pronto, nota que uno de los currículums contiene una falta de ortografía, mientras que el otro es impecable. ¿A cuál de los dos candidatos se inclinaría a contratar?
Para la mayoría de los responsables de contratación, el candidato con el currículum impecable será considerado la mejor elección, en igualdad de condiciones. La razón reside en que, mediante una sola falta ortográfica, el candidato con el currículum imperfecto ha evidenciado una falta de atención al detalle.
La atención al detalle remite a un rasgo de la personalidad denominado «meticulosidad», altamente codiciado en cualquier colaborador. Cuanto más meticulosa es una persona, más organizada resulta, mayor es su dedicación laboral y más confianza inspira para ejecutar las tareas con excelencia y puntualidad.
Con nada más que una simple falta de ortografía, el candidato del currículum imperfecto ha demostrado que será menos organizado, no trabajará con el mismo rigor, no ofrecerá la misma fiabilidad para resolver tareas y, en caso de concretarlas, será menos propenso a entregarlas a tiempo.
En el caso del currículum, la necesidad de generar un documento perfecto y libre de errores se comprende con claridad, ya que perder una oportunidad laboral extraordinaria por un simple error ortográfico representaría una tragedia. Por consiguiente, antes de postularse a un empleo, los profesionales suelen invertir un tiempo considerable en revisar minuciosamente su currículum para garantizar la ausencia total de fallos.
Aunque esto se asume sin reservas tratándose de un currículum, lo que no suele entenderse con la misma claridad es que la perfección representa el estándar exigido para cada documento producido por un profesional. Si bien las repercusiones de redactar documentos comerciales con errores no conllevan el impacto inmediato de perder una oferta de empleo, seguirán evidenciando una falta de atención al detalle; esto, a su vez, refleja un menor nivel de meticulosidad, lo que proyecta que usted carece de una sólida organización, que tal vez no trabaje con la misma entrega que sus pares minuciosos y que podría no ser confiable para resolver tareas o cumplirlas en los plazos fijados.
La aleccionadora conclusión a la que debemos llegar, por ende, es que debemos revisar cada documento que redactamos con el mismo rigor que si fuera un currículum.
Afortunadamente, las herramientas de revisión integradas en la mayoría de los editores de texto modernos son capaces de detectar la mayor parte de los errores más notorios.
Por ejemplo, el software de edición actual detectará con alta probabilidad confusiones como Your (Y-O-U-R) frente a You're (Y-O-U-apóstrofe-R-E); To (T-O) frente a Too (T-O-O); y Loose (L-O-O-S-E) frente a Lose (L-O-S-E).
La contrapartida de esta extraordinaria tecnología es que, al tener todo el mundo acceso a software de edición avanzado, existe una tolerancia notablemente menor ante la confusión entre Your y To, o ante el hecho de escribir que alguien ha dejado «loose» un partido cuando se pretendía comunicar que lo ha «lost».
El punto donde los correctores automáticos suelen fallar es cuando una palabra está escrita correctamente y su función gramatical es válida, pero resulta evidente que no era el término previsto por el autor. Casos representativos son el empleo de abject en lugar de object, adapt en lugar de adopt, o principle en vez de principal. Estos términos presentan diferencias ortográficas mínimas, pero significados radicalmente opuestos, eludiendo con facilidad los filtros ortográficos y gramaticales automatizados.
En vista de que el software de corrección dista de ser infalible —y de que cualquier resultado por debajo de la perfección es inaceptable—, una revisión humana, manual y meticulosa resulta indispensable para garantizar un documento libre de errores.
Una vez aprobado el borrador final y tras certificar la corrección de todas las incidencias señaladas por las herramientas automáticas de su editor, le corresponde localizar los errores residuales. Su postura mental debe ser: «Probablemente aún queden errores que debo detectar», y no: «Probablemente no haya errores, así que debe estar bien». En función de la extensión del texto, si sus únicos recursos de control han sido las herramientas nativas del editor, casi con certeza persistirá al menos un error que requerirá una búsqueda deliberada.
Una de las estrategias más eficaces para descubrir una errata, un fallo ortográfico o un error gramatical consiste en solicitar la revisión de un colega reconocido por su impecable atención al detalle. No obstante, debe ser precavido y no postergar esta solicitud hasta el último instante previo al plazo de entrega: una revisión exhaustiva demanda tiempo y concentración, y no sería razonable exigir a un colega que examine su documento a altas horas de la noche cuando el vencimiento es a primera hora de la mañana.
Si no cuenta con un colega de impecable minuciosidad, prácticamente cualquier otro compañero resultará de utilidad. Al leer nuestros propios textos, el cerebro tiende a interpretar lo que teníamos la intención de plasmar y no lo que verdaderamente escribimos. Una tercera persona, libre de expectativas sobre lo que usted intentaba expresar, leerá cada palabra estrictamente como fue redactada, lo que le permitirá advertir fallos que a usted le habrían pasado inadvertidos.
Si todas las demás alternativas fracasan y no dispone de la colaboración de un colega como revisor, la responsabilidad de detectar sus propios errores recaerá exclusivamente en usted. En tal caso, una de las tácticas más recomendables es leer el texto en voz alta para sí mismo; esto le obligará a moderar el ritmo al articular cada palabra, incrementando significativamente las probabilidades de percibir inconsistencias que pasarían desapercibidas en una lectura silenciosa.
La perfección no es una exigencia desmedida tratándose de la corrección de sus documentos. Un texto con un solo fallo pone en evidencia una carencia de atención al detalle, mientras que un documento perfecto y libre de errores garantiza una experiencia de lectura fluida para su destinatario y proyecta su imagen profesional bajo el estándar más elevado de meticulosidad y excelencia.